Cómo usar este estudio
Mantén las Escrituras primero y las historias en segundo lugar. Un ritmo sugerido es oración o adoración inicial, Escritura y enseñanza, conversación familiar, actividad práctica, aplicación, desafío semanal y oración.
Este estudio no pide a nadie negar circunstancias reales, heridas, diagnósticos, fracasos, logros, roles o responsabilidades. La meta es colocar cada descripción bajo la autoridad de lo que Dios ha revelado acerca de la humanidad y acerca de quienes pertenecen a Cristo.
Las etiquetas que llevamos
Gran idea: El mundo asigna etiquetas. Dios nos conoce por nombre y nos llama a pertenecerle.
Escritura: Génesis 1:26–27; Isaías 43:1–7; 2 Corintios 5:17; Gálatas 3:26–29
Gran pregunta: ¿Quién tiene autoridad para decirme quién soy?
Nota para el líder
Algunas etiquetas son simplemente descripciones: padre, madre, estudiante, atleta, técnico, maestro, introvertido, extrovertido. No son necesariamente malas. Otras etiquetas se vuelven dañinas cuando permitimos que se conviertan en definiciones: fracaso, niño problemático, divorciado, adicto, pobre, raro, demasiado viejo, no lo bastante inteligente, no deseado.
La meta no es fingir que esas experiencias no existen. Es negarnos a darles autoridad para definir a la persona completa.
Trata Isaías 43 con cuidado. Dios está hablando específicamente a Israel en su contexto original. No debemos convertir cada declaración en una promesa individual sin reconocer primero ese contexto. Sin embargo, el pasaje revela el carácter del pacto de Dios: conoce a su pueblo, lo reclama, lo redime y no lo reduce a sus circunstancias.
Pregunta inicial
¿Qué etiqueta te pusieron otras personas cuando eras niño o joven?
¿Cómo afectó esa etiqueta la manera en que te veías? Los padres y adultos también deben responder. Los niños necesitan descubrir que los adultos también han cargado etiquetas.
Parte uno
Antes de que alguien te etiquetara, Dios te creó
Lee Génesis 1:26–27.
Lo primero que las Escrituras nos dicen acerca de la identidad humana no es lo que logramos. Es la imagen de quién llevamos.
Antes de la ocupación. Antes de la popularidad. Antes de las calificaciones. Antes de los logros. Antes de los fracasos. Antes de las redes sociales. Los seres humanos fueron creados a imagen de Dios.
Por eso nuestro valor no comienza con lo que otras personas piensan de nosotros.
Conversen
- ¿Qué le da valor a algo?
- ¿Cómo debe afectar nuestra manera de vernos el hecho de haber sido creados a imagen de Dios?
- ¿Cómo debe afectar la manera en que tratamos a alguien que no nos cae bien?
Parte dos
Las etiquetas pueden describir sin definir
Hay una diferencia entre decir: “Fallé” y decir: “Soy un fracaso”. Hay una diferencia entre “Lucho con esto” y “Esta lucha es quien soy”. Hay una diferencia entre “Me sucedió algo doloroso” y “Lo que me pasó determina mi valor”.
Las Escrituras no nos exigen negar la realidad. La identidad cristiana no consiste en fingir que los problemas no son reales. Aprendemos a colocar toda descripción de nosotros mismos debajo de lo que Dios ha revelado.
Conversación familiar
- ¿Qué etiquetas reciben comúnmente las personas de tu edad?
- ¿De dónde vienen: escuela, trabajo, familia, iglesia, redes sociales, errores del pasado, apariencia, dinero, raza o cultura, logros?
- ¿Qué pasa cuando una descripción se convierte en una definición?
Parte tres
Llamados por nombre
Lee Isaías 43:1–7. Primero reconoce el contexto: Dios se dirige a Israel. Israel había experimentado juicio, desplazamiento, temor e incertidumbre. Aun así, Dios recuerda a su pueblo del pacto que sus circunstancias no han borrado su relación con Él.
Observa el movimiento: Creados. Formados. Redimidos. Llamados. Pertenencia.
Las circunstancias eran reales, pero no tenían la última palabra.
Parte cuatro
Identidad en Cristo
Lee 2 Corintios 5:17 y Gálatas 3:26–29.
El evangelio no solo nos da etiquetas mejores. Jesús nos da vida nueva. La identidad cristiana no es autoinvención: “Yo decido quién soy”. Pero tampoco es: “Otras personas deciden quién soy”. Comprendemos nuestra identidad cada vez más por medio de nuestra relación con Cristo.
Conexión con Jesús
Jesús se encontró repetidamente con personas que la sociedad había reducido a categorías: recaudador de impuestos, pecador, samaritano, impuro, ciego, paralítico, endemoniado, marginado.
Jesús no fingió que sus situaciones no eran reales. Pero se negó a tratar su condición, reputación o pasado como la suma total de quiénes eran. Jesús veía personas y llamaba a personas a seguirlo.
Práctica familiar: Soltar etiquetas
Da a cada persona varias notas adhesivas. Escriban etiquetas que han cargado. No obligues a nadie a revelar algo privado. Coloquen las notas en un lugar visible y luego quítenlas.
En vez de reemplazarlas simplemente con palabras inspiradoras, abran las Escrituras. Escriban verdades bíblicas como:
- Creado a imagen de Dios — Génesis 1:27
- Nueva creación en Cristo — 2 Corintios 5:17
- Obra de Dios — Efesios 2:10
- Parte del pueblo de Dios — 1 Pedro 2:9–10
El punto no es: “Estas son mis nuevas etiquetas positivas”. El punto es: “Permitiré que la verdad de Dios tenga mayor autoridad que las etiquetas que me han puesto”.
Conexión musical: “Who You Say I Am” — Hillsong Worship. Pregunten qué afirmaciones de identidad pueden conectarse directamente con las Escrituras.
Desafío semanal
Cada vez que te escuches diciendo: “Yo soy _____”, detente y pregunta: ¿Esto es algo que Dios dice acerca de mí, una descripción de mis circunstancias o una etiqueta que he permitido que me defina?
Oración
Padre, ayúdanos a reconocer las etiquetas que hemos cargado y que Tú nunca quisiste que nos definieran. Enséñanos a vernos a nosotros mismos y unos a otros por medio de la verdad de tu Palabra. Gracias por crearnos a tu imagen y por darnos vida nueva por medio de Jesús. Amén.
Diseñados por Dios, no definidos por las personas
Gran idea: Fuiste creado intencionalmente y, en Cristo, llamado a los propósitos de Dios.
Escritura: Salmo 139:13–18; Efesios 2:8–10; 1 Pedro 2:9–12; Romanos 12:3–8
Gran pregunta: Si Dios me diseñó, ¿qué significa eso para la manera en que me veo y entiendo mi propósito?
Pregunta inicial
¿Cuándo has sentido que tenías que ganarte tu valor?
Parte uno
Conocidos por el Creador
Lee Salmo 139:13–18.
El Salmo 139 no es principalmente un discurso motivacional acerca de lo maravillosos que somos. Es adoración dirigida a un Dios maravilloso. David está asombrado por la profundidad con que Dios lo conoce.
Dios conoce. Dios ve. Dios crea. Dios está presente.
Nuestra confianza comienza con el Creador, no con nosotros mismos.
Conversen
¿Cuál es la diferencia entre decir: “Soy valioso porque soy impresionante” y decir: “Mi vida tiene valor porque pertenezco a mi Creador”?
Parte dos
Obra de Dios
Lee Efesios 2:8–10.
El versículo 10 nunca debe separarse de los versículos 8–9. No somos obra de Dios porque hayamos rendido suficientemente bien. Somos salvos por gracia. Después Pablo dice que somos obra de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras.
No: Rendimiento → Valor → Aceptación.
Pregunta familiar: ¿Dónde estás tratando de demostrar algo que Dios ya ha establecido por gracia?
Parte tres
Diseñados diferentes con propósito
Lee Romanos 12:3–8.
Dios no hizo idénticos a todos los miembros del cuerpo. Los dones diferentes no indican niveles diferentes de valor.
Esto importa en las familias. Un hijo puede ser extrovertido y otro callado. Uno ama los deportes y otro los libros. Uno aprende rápido en un salón y otro aprende haciendo. Un padre puede ser organizado y otro espontáneo.
La diferencia no significa automáticamente deficiencia.
Conversación familiar
- ¿Dónde sentimos la tentación de compararnos entre nosotros?
- ¿Alguna vez hemos comunicado sin querer que una personalidad, talento o logro vale más que otro?
Parte cuatro
Diseñados para pertenecer
Lee 1 Pedro 2:9–12.
El lenguaje de Pedro es colectivo: pueblo escogido, sacerdocio real, nación santa, posesión de Dios.
La identidad cristiana no pregunta solamente: “¿Quién soy?” También pregunta: “¿De qué pueblo somos?” Dios no nos salva únicamente para tener vidas espirituales individuales. Forma un pueblo que muestre su carácter.
Conexión con Jesús
Jesús no reunió a doce discípulos idénticos. Pedro no era Juan. Mateo no era Pedro. Tomás no era Andrés. Sus historias, personalidades y debilidades eran diferentes, pero Jesús los formó juntos.
El discipulado no borra la individualidad. Jesús la redirige hacia los propósitos de Dios.
Práctica familiar: Tarjetas de diseño
Cada miembro de la familia recibe una tarjeta. Los demás escriben una cualidad o don que hayan observado y que pueda honrar a Dios: compasión, paciencia, valentía, generosidad, creatividad, escucha, ánimo, liderazgo, servicio.
Después añadan una referencia bíblica que hable de cómo usar esa cualidad. La meta no es halagar. Es ayudarse unos a otros a reconocer dones que pueden rendirse a Dios.
Conexión musical: “Jireh” — Elevation Worship & Maverick City Music. Comparen sus temas con Mateo 6:25–34 y Efesios 2:8–10.
Desafío semanal
Pregunta cada mañana: Dios, ¿cómo puede servir a otra persona hoy lo que Tú me has dado?
Oración
Dios Creador, gracias por conocernos completamente. Líbranos de la comparación y de la presión de demostrar nuestro valor. Muéstranos cómo los dones que nos has dado pueden servir a otros y glorificarte. Amén.
Identidad a través de cada temporada
Gran idea: Las temporadas cambian. Nuestra pertenencia a Cristo permanece.
Escritura: Eclesiastés 3:1–11; 2 Corintios 5:17; Colosenses 3:1–4; Romanos 8:31–39
Gran pregunta: ¿Quién soy cuando cambia la temporada que antes parecía definir mi vida?
Pregunta inicial
¿Qué temporada está viviendo tu familia en este momento?
¿Construyendo, esperando, celebrando, lamentando, comenzando, terminando, sanando, haciendo una transición?
Parte uno
La vida tiene temporadas
Lee Eclesiastés 3:1–11.
Eclesiastés no promete que toda temporada se sentirá bien. Reconoce que la vida contiene experiencias muy diferentes: nacimiento y muerte, llanto y risa, duelo y danza, guardar y soltar.
A menudo nos apegamos a las temporadas. Luego algo cambia. Los hijos salen de casa. Termina una carrera. Cambia la salud. Termina una relación. Cambia la escuela. Desaparece el éxito. Llega el duelo. De repente preguntamos: “¿Quién soy ahora?”
Parte dos
Tu temporada no es tu identidad
Una persona puede estar de duelo sin convertirse en Duelo. Puede estar desempleada sin convertirse en Inútil. Un adolescente puede ser rechazado sin convertirse en Incapaz de ser amado. Un padre puede cometer un error sin convertirse en Fracaso.
Las circunstancias importan. El dolor importa. Las consecuencias importan. Pero no tienen autoridad para convertirse en nuestra identidad definitiva.
Conversen: ¿Qué temporada te ha costado más soltar? ¿Por qué?
Parte tres
Escondidos con Cristo
Lee Colosenses 3:1–4.
Pablo ancla la identidad cristiana en un lugar que las circunstancias no pueden alcanzar: nuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
Los trabajos cambian. Las relaciones cambian. Los cuerpos envejecen. La popularidad desaparece. Los hijos crecen. El dinero viene y va. Pero nuestra pertenencia a Cristo no depende de esas cosas.
Conexión con Jesús
El ministerio terrenal de Jesús pasó por circunstancias muy diferentes: celebración, oposición, multitudes, soledad, alabanza, rechazo, sufrimiento, muerte y resurrección.
Las circunstancias cambiaron dramáticamente. Su identidad y misión no cambiaron.
Durante la tentación, el desafío atacaba repetidamente la identidad: “Si eres el Hijo de Dios…” Jesús se negó a permitir que las circunstancias redefinieran lo que el Padre había declarado.
Parte cuatro
Nada puede separarnos
Lee Romanos 8:31–39.
Pablo no promete una vida fácil a los cristianos. Nombra sufrimiento, problemas, dificultades, persecución, hambre y peligro. Sin embargo, nada de eso puede separar al pueblo de Dios de su amor en Cristo.
Es: “Nada de lo que pase puede separarme del amor de Cristo”.
Práctica familiar: Mapa de la temporada
Dibujen la temporada actual de su familia. Puede ser literal o simbólica. Después completen:
- En este momento nuestra familia está viviendo __________.
- Dios sigue siendo __________.
- Porque pertenecemos a Cristo, seguimos siendo __________.
Guarden la hoja y vuelvan a verla dentro de algunos meses.
Conexión musical: “Firm Foundation (He Won’t)” — Cody Carnes. Comparen la idea de un fundamento que no cambia con Mateo 7:24–27 y Romanos 8:31–39.
Desafío semanal
Cada vez que algo cambie esta semana, digan juntos: “La temporada cambió. Jesús no”.
Oración
Jesús, te entregamos esta temporada. Ayúdanos a recibir la alegría sin adorarla y a soportar el dolor sin permitir que nos ponga nombre. Ancla a nuestra familia en Ti cuando cambien las circunstancias. Amén.
Vivir sin etiquetas en casa
Gran idea: Vivimos de acuerdo con lo que creemos acerca de quiénes somos.
Escritura: Romanos 8:14–17; Efesios 1:3–8; Mateo 5:14–16; Colosenses 3:12–17
Gran pregunta: ¿Qué cambiaría en nuestro hogar si realmente viviéramos de acuerdo con nuestra identidad en Cristo?
Pregunta inicial
Si todos en tu hogar vivieran cada día sabiendo que pertenecen a Cristo, ¿qué se vería diferente?
No en la iglesia. En casa.
Parte uno
Hijos, no esclavos
Lee Romanos 8:14–17.
Pablo contrasta esclavitud y adopción. La obediencia cristiana no debe crecer principalmente del terror de que Dios pueda dejar de amarnos. Obedecemos desde una relación. Dios ha traído a su pueblo a su familia. Eso cambia la manera en que vivimos.
Parte dos
La identidad produce conducta
Lee Colosenses 3:12–17.
Observa el patrón de Pablo. Les dice a los creyentes quiénes son y después les dice cómo vivir.
Porque perteneces a Cristo: vístete de compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. Perdona. Ama.
Esto es esencial para No Labels. La identidad no es una excusa: “Así soy yo”. La identidad en Cristo se convierte en un llamado a la transformación: “Porque pertenezco a Jesús, Él está cambiando la manera en que vivo”.
Parte tres
Sin etiquetas comienza en casa
Es fácil rechazar las etiquetas de desconocidos mientras creamos etiquetas dentro de nuestro propio hogar.
- “Tú eres el flojo.”
- “Ella es la inteligente.”
- “Él siempre causa problemas.”
- “Tú eres igual que…”
Las palabras repetidas pueden convertirse en identidades que las personas cargan durante años. Las familias que siguen a Jesús deben aprender a distinguir entre corregir una conducta y definir a una persona.
En vez de “Eres flojo”, prueba: “No cumpliste con tu responsabilidad”.
En vez de “Eres mentiroso”, prueba: “Lo que dijiste no fue verdad, y la verdad importa en esta familia”.
Podemos confrontar una conducta sin convertirla en identidad.
Espejo familiar
- ¿Hay etiquetas que usamos repetidamente unos para otros?
- ¿Nuestros chistes las refuerzan?
- ¿Hay palabras que necesitamos dejar de decir?
Parte cuatro
La identidad se convierte en testimonio
Lee Mateo 5:14–16.
Jesús no solo llama a sus seguidores a saber algo acerca de sí mismos. Los envía al mundo. La luz está hecha para brillar.
La identidad se hace visible en cómo hablamos, perdonamos, servimos, disentimos, respondemos cuando nos hacen daño, tratamos a quienes no pueden ayudarnos y nos comportamos cuando nadie está mirando.
Conexión con Jesús
Jesús no solo nos dijo cómo es el amor. Nos lo mostró. La cruz demuestra que la identidad cristiana finalmente es moldeada por Aquel a quien seguimos. Seguir a Jesús significa parecernos cada vez más a Jesús.
Práctica familiar: Nuestro ancla familiar
Elijan una referencia bíblica para el próximo mes. Buenas opciones incluyen Efesios 2:10, 2 Corintios 5:17, Romanos 8:15–17 o 1 Pedro 2:9.
Escríbanla en un lugar que la familia vea con frecuencia. Luego establezcan una práctica sencilla: antes de la escuela, durante la cena, antes de dormir o en el camino. Lean el pasaje y pregunten: “¿Cómo podemos vivir esto hoy?”
Conexión musical: “Build My Life” — Pat Barrett. Comparen sus temas con Mateo 7:24–27 y Colosenses 3:12–17.
Desafío familiar final
Cada persona identifica:
- Una etiqueta que estoy soltando.
- Una verdad bíblica que estoy recordando.
- Una conducta que estoy cambiando.
- Una persona que voy a animar.
Después oren unos por otros.
Bendición familiar final
No eres lo peor que has hecho.
No eres lo peor que alguien te ha hecho.
No eres tus calificaciones, ingresos, popularidad, logros, fracasos ni luchas.
Llevas la imagen de Dios.
Y para quienes están en Cristo, su vida está siendo hecha nueva en Él.
Fuiste diseñado por Dios. No permitas que el mundo tenga la última palabra acerca de quién eres.
Terminen leyendo Efesios 2:10.
Guía para facilitadores
Mantén las Escrituras primero y las historias en segundo lugar. Las historias personales deben iluminar el texto bíblico, no convertirse en la autoridad de la lección.
No obligues a los participantes a revelar etiquetas dolorosas, trauma, diagnósticos, situaciones familiares o experiencias del pasado. Una persona puede participar sin explicar por qué un tema le afecta.
Ten especial cuidado con los niños. Las actividades nunca deben convertirse en una oportunidad para que hermanos o padres anuncien etiquetas negativas acerca de otro miembro de la familia.
A lo largo de las cuatro semanas, conserva la distinción central de la serie:
Significa: Ninguna etiqueta humana, fracaso, logro, lucha, temporada u opinión recibe la autoridad que le pertenece a Dios.